El sueño de tener una cámara en los lentes no es nuevo. Google lo intentó, y fue un desastre de memes sobre Glassholes. El problema nunca fue la tecnología, sino el factor social y el escalofrío en la espalda de la gente que se sentía grabada sin permiso. Ahora, la batalla vuelve, pero esta vez, es más sutil, más elegante y, francamente, más aterradora.
Ha llegado al mercado un nuevo wearable que incorpora cámaras de alta resolución y, lo más polémico, funciones de inteligencia artificial que analizan el entorno en tiempo real. Imagina esto: estás en un bar y los lentes están grabando discretamente todo, mientras que una IA interna te susurra al oído el nombre de la persona que tienes enfrente, dónde la viste por última vez o, peor, te sugiere qué decir. El glitch está en que la línea entre la asistencia útil y la vigilancia personal es ya casi invisible.
El Diseño Sutil y el Olvido Colectivo
El gran acierto de estos nuevos dispositivos es su diseño. Se ven como lentes comunes y corrientes. Se acabaron los armatostes futuristas; esto es moda con veneno. El objetivo es que el usuario y la gente a su alrededor olviden que están siendo grabados. Y este es el punto que pone a la Gen Z, la generación más sensible a la privacidad digital, en una posición incómoda.
Por un lado, la Gen Z ama la conveniencia y la innovación. La idea de poder grabar un momento hands-free para TikTok sin sacar el celular es un golazo. La posibilidad de usar la IA para que te recuerde dónde dejaste las llaves o te traduzca un menú en tiempo real es pura magia.
Pero por el otro, la Gen Z es la generación que ha vivido la filtración de datos, el ciberacoso y la cultura de la vigilancia constante en las redes sociales. Saben que un dispositivo con cámara y micrófono en la cara de alguien es un arma potencial.
En TikTok, el debate ya está encendido. Hay videos con millones de vistas sobre cómo detectar estos lentes, dónde está la luz indicadora de grabación y, en un tono más oscuro, videos sobre cómo “contraatacar” a la persona que los usa. El pánico a la grabación covert ha revivido.
El Gran Hermano y el Algoritmo en el Ojo
El problema no es solo la grabación, sino la IA de análisis ambiental. Estos lentes no solo graban un video; lo están procesando en tiempo real. Están identificando rostros, marcas, emociones, ubicaciones y, potencialmente, enviando esos datos a la nube para un entrenamiento de modelos aún más sofisticado. Esto convierte cada interacción social en un punto de datos monetizable.
La preocupación de la Gen Z no es tanto que su cara salga en un video viral (ya están acostumbrados), sino que su cara y sus acciones sean etiquetadas, catalogadas y usadas para perfilar su identidad digital con una precisión sin precedentes. Es la privacidad de la mente la que está en juego.
¿Qué pasa con los espacios privados? ¿El gimnasio, el baño, las clases, las citas románticas? La mera existencia de estos dispositivos obliga a una desconfianza constante, creando un ambiente de vigilancia mutua. Es el fin de la presunción de inocencia en el espacio público.
¿Una Línea Ética Que No Cruzaremos?
La historia nos dice que si se puede fabricar un gadget que empuja los límites éticos, alguien lo hará. La única forma de frenarlo es con la presión social y la legislación. La Gen Z está siendo la primera en reaccionar con rechazo activo en algunos casos, pidiendo que se prohíba el uso de estos lentes en ciertos establecimientos. El dilema es: ¿Podemos usar la IA para vigilar a la IA?
En Glitch Mental creemos que la innovación debe ir de la mano con la ética. Estos lentes son un salto tecnológico impresionante, sí, pero su impacto social es un punto de inflexión peligroso. Nos están pidiendo que sacrifiquemos la poca privacidad que nos queda por la conveniencia de una foto o un recordatorio. Y el precio, francamente, parece demasiado alto.
¿Tú te pondrías un par de lentes que graban todo? ¿O crees que la línea de la privacidad ya se cruzó hace mucho tiempo y esto es solo un detalle?
