La Generación Z compra por impulso más que cualquier generación anterior — eso lo confirma investigación del Tecnológico de Monterrey sobre el efecto de las redes sociales en sus hábitos de consumo. Pero hay una pieza que ese dato por sí solo no explica: ese impulso casi nunca llega sin antes pasar por una investigación previa, exhaustiva y silenciosa, que las marcas no ven.
La generación Z está más influenciada por las compras por impulso que generaciones anteriores, debido a la omnipresencia de las redes sociales." — Investigación del Tecnológico de Monterrey
Según el informe más reciente de Statista, el 35% de los consumidores en México ya pertenecen a la Gen Z, y están redefiniendo por completo las reglas del juego. ¿La clave? Valores, coherencia y un olfato digital afiladísimo para detectar cuando una marca les está mintiendo.
La Gen Z investiga antes de comprar (y mucho)
Aquí va un dato que debería hacer que todas las marcas se sienten a pensar: siete de cada diez jóvenes Gen Z en América Latina investigan el producto en línea antes de comprarlo. No es cosa de suerte ni de algoritmos mágicos. Es investigación seria.
Y no solo eso. El informe de Samy revela que el 62% dedica tiempo a buscar las mejores ofertas, el 58% habla con amigos o familia sobre nuevos productos, y dos de cada cinco comparan precios entre distintas marcas. Así que bye bye a la idea de que solo les importa lo viral del momento.
El 57% admite dejarse llevar por compras impulsivas — número alto, consistente con lo que documenta el Tec de Monterrey. La diferencia real no está en si compran por impulso, sino en qué pasó antes de ese impulso: para cuando deciden, ya investigaron, compararon y midieron si la marca es coherente con lo que dice ser. El impulso es real. La ingenuidad, no.
Valores por encima de todo: el nuevo estándar de compra
Si tu marca no tiene una postura clara sobre temas sociales, ambientales o éticos, la Gen Z simplemente no te va a comprar. Y no es exageración: en Estados Unidos, el 39% de esta generación elige productos con empaques eco-friendly, el 34% prioriza el bienestar animal y el 33% busca ingredientes naturales u orgánicos.
Lo que estamos viendo es el surgimiento del consumo con causa, una forma de gastar dinero que va mucho más allá del producto en sí. Para 2027, según Statista, la Gen Z y los millennials dominarán el 65% del consumo sostenible en los seis mercados clave: alimentos, moda, transporte, belleza, turismo y hogar.
En Reino Unido, la Gen Z ya controla el 30% del mercado de alimentos sostenibles. En México, las marcas que no están alineadas con estos valores empiezan a quedarse fuera del radar de compra de millones de jóvenes.
Desconfían de las marcas, pero confían en los influencers
Aquí viene la paradoja más interesante: la Gen Z tiene el nivel más bajo de confianza en marcas entre todas las generaciones. Solo el 11.26% expresa alta confianza en compañías o instituciones tradicionales. Sin embargo, su confianza en influencers y creadores de contenido es significativamente mayor.
¿Por qué? Porque los influencers, especialmente los microinfluencers, sienten más auténticos. No están leyendo un guion corporativo. Están mostrando su vida real, sus opiniones sin filtro y sus experiencias genuinas con productos.
Esto ha llevado a que el 43% de los consumidores Gen Z prefieran comprar directamente de las marcas en lugar de hacerlo en marketplaces o retailers. Quieren esa conexión directa, sin intermediarios que diluyan el mensaje.
Las redes sociales son el nuevo mall
El dato que está volviendo locos a todos los expertos en retail: más del 53% de la Gen Z hizo pedidos directamente desde redes sociales en 2024. No es que vean un producto, lo busquen en otra parte y luego compren. No. Ven, quieren, compran. Ahí mismo. En la misma app.
Instagram, TikTok y YouTube dejaron de ser plataformas de entretenimiento para convertirse en mercados digitales completos donde el descubrimiento, la inspiración y la compra ocurren de manera simultánea. El 68% de los jóvenes Gen Z descubrió productos en redes sociales en 2024, y casi el 60% completó la compra en estas plataformas.
Esto está obligando a las marcas a repensar por completo sus estrategias. Ya no basta con tener un perfil bonito y subir fotos ocasionales. Hay que crear experiencias de compra nativas dentro de las redes sociales, con procesos simples, pagos rápidos y atención personalizada.
Fatiga informativa: el lado oscuro del scroll infinito
Pero no todo es color de rosa en el mundo digital de la Gen Z. El mismo informe de Statista revela un fenómeno creciente: fatiga informativa. El 45% de los jóvenes reconoce evitar las noticias porque afectan negativamente su estado de ánimo.
El 60% de la Gen Z obtiene información desde redes sociales y solo el 20% acude a medios impresos. Suena genial hasta que te das cuenta de que esto también significa que están constantemente bombardeados con contenido, algoritmos y estímulos visuales que pueden ser agotadores.
Para las marcas, esto significa que el contenido alarmista pierde tracción. Las narrativas positivas, educativas y emocionalmente sostenibles son las que ganan terreno. Si tu estrategia de marketing se basa en generar miedo o urgencia artificial, probablemente no funcione con esta generación.
¿Qué significa todo esto para 2025?
La Gen Z no es una generación de consumidores pasivos. Son investigadores, curadores de experiencias y activistas con tarjeta de crédito. Evalúan, comparan, exigen coherencia y recompensan a las marcas que demuestran valores reales.
Para 2025, las marcas que quieran conectar con ellos necesitan entender que no se trata solo de vender un producto. Se trata de construir una relación basada en autenticidad, transparencia y valores compartidos. Porque al final del día, la Gen Z no compra cosas. Compra significado.
La Gen Z ya no está tocando la puerta del mercado. Ya entró, se sentó en la mesa principal, y compra por impulso — pero con la tarea hecha de antemano. Para las marcas, eso vuelve obsoleta la estrategia de generar urgencia artificial: el impulso de la Gen Z se construye con semanas de anticipación, no con un contador de cuenta regresiva.
El impulso de la Gen Z se construye con semanas de anticipación, no con un contador de cuenta regresiva.

