Amodei advierte: el tsunami de IA ya llegó a la orilla

IA generativa 2026: hombre frente a ola digital con nodos de red y ciudad tecnológica al fondo


Hay algo llamativo en escuchar a Dario Amodei, el CEO de la empresa que construye a Claude, advertir que la inteligencia artificial podría destruir millones de empleos. Es como escuchar al arquitecto de una represa decirte que el agua ya está desbordándose. El 24 de febrero de 2026, en un podcast con el cofundador de Zerodha, Nikhil Kamath, Amodei fue más directo que nunca sobre lo que se viene: "Es como si este tsunami se acercara. Lo podemos ver en el horizonte y, sin embargo, la gente sigue convenciéndose de que no es real, que es solo un truco de la luz."

No fue retórica de marketing. Y el mercado lo tomó en serio de inmediato: ese mismo día, las acciones de Thomson Reuters cayeron casi un 16% —la mayor pérdida en su historia—, LegalZoom se desplomó casi un 20% y FactSet bajó más del 10%. Todo ocurrió porque Anthropic también anunció la expansión de Claude Cowork, su agente empresarial que automatiza tareas legales, financieras y administrativas de forma autónoma. Los inversores leyeron ambas noticias juntas y sacaron su propia conclusión.

Qué dijo exactamente y por qué importa ahora

Amodei señaló que la IA ya está asumiendo tareas en programación, matemáticas e investigación científica, y que su impacto variará según la naturaleza de cada trabajo. Los roles centrados en la interacción humana y la comprensión emocional tardarán más en verse afectados. Los trabajos técnicos y administrativos, en cambio, están en la línea de impacto más inmediata.

Lo que hace diferente esta advertencia de las anteriores es el nivel de especificidad. En enero, Amodei ya había publicado un ensayo de 20,000 palabras titulado The Adolescence of Technology, donde describió a la IA como un "sustituto general de la mano de obra humana". Ahora agregó algo más incómodo: que para 2027, los sistemas de Anthropic podrían reemplazar o acelerar dramáticamente el trabajo de equipos enteros de investigadores de primer nivel, especialmente en energía, robótica, desarrollo de armamento e investigación en IA.

La propia política de escala responsable de Anthropic —su hoja de ruta interna— confirma esa proyección. Y no es la empresa ocultándolo: lo publicó.

La paradoja que él mismo reconoció

Amodei fue explícito sobre la contradicción de su posición: es el CEO de una empresa que materialmente se beneficia de la aceleración de la IA, y al mismo tiempo es quien advierte sobre sus consecuencias. Su argumento para seguir adelante: que no advertir sería más irresponsable que hacerlo. "Advertir sobre los riesgos no es nuestra estrategia comercial", dijo. "Y sin embargo, es lo que creemos que hay que hacer."

También habló sobre la concentración de poder en el sector. Amodei reconoció que esa concentración —unos pocos laboratorios controlando tecnología que podría definir el siglo— lo incomoda profundamente, incluso siendo uno de los que la detentan. "Casi de la noche a la mañana, casi por accidente", dijo sobre cómo ese poder se acumuló en manos de tan pocos actores.

Los datos detrás de la advertencia

Las advertencias de Amodei no existen en el vacío. Un estudio del MIT publicado en noviembre de 2025 encontró que la IA ya puede realizar el trabajo del 11.7% del mercado laboral de Estados Unidos, con un ahorro potencial de hasta 1.2 billones de dólares en salarios en los sectores de finanzas, salud y servicios profesionales. En 2025, la IA fue citada como razón de casi 55,000 despidos en EE.UU. El informe de Tendencias de Talento Global 2026 de Mercer, basado en encuestas a 12,000 personas en todo el mundo, encontró que el 40% de los empleados teme perder su trabajo ante la IA, frente al 28% de 2024.

Sin embargo, la narrativa tiene matices. Analistas de Deutsche Bank advirtieron esta semana que el AI redundancy washing —culpar a la IA por despidos que tienen otras causas— será un fenómeno significativo de 2026. Y el Budget Lab de Yale publicó en octubre un análisis de los datos del mercado laboral estadounidense entre 2022 y 2025 que concluye que todavía no hay evidencia de desplazamiento masivo generalizado.

Amodei también planteó una idea concreta para gestionar la transición: un impuesto por token aplicado a los modelos de IA para financiar la adaptación del mercado laboral. No es una política con respaldo institucional por ahora, pero es la primera vez que el CEO de un laboratorio líder propone un mecanismo de redistribución específico.

Lo que no dijo, pero se puede leer entre líneas

Hay algo que Amodei no dijo directamente pero que resuena en toda la conversación: si él mismo, desde adentro del sistema, está lanzando estas advertencias con este nivel de detalle, es porque la velocidad de lo que viene supera con creces lo que los gobiernos, las empresas y los individuos están preparando. No lo dijo como quien busca frenar el desarrollo. Lo dijo como quien sabe que el tren ya salió y nadie terminó de comprar boleto.

El tsunami no es una metáfora sobre el futuro. Según Amodei, ya está en la orilla.