China necesita 12 millones de empleos y la IA los complica

Automatización en China: trabajadores uniformados pasando por torniquetes de control biométrico

Durante el Congreso Nacional del Pueblo de este año, Wang Xiaoping, ministro de Recursos Humanos y Seguridad Social de China, anunció que el gobierno usará la inteligencia artificial para absorber a un número récord de nuevos solicitantes de empleo. La cifra oficial: 12.7 millones de graduados universitarios que entran al mercado laboral en 2026, más que toda la población de Bélgica, en un solo año. 

El objetivo de Pekín es crear más de 12 millones de empleos urbanos este año para mantener la tasa de desempleo urbano en torno al 5.5 por ciento. El problema es que la herramienta que propone usar como solución es la misma que está complicando el problema.

El desempleo juvenil que Pekín intenta no nombrar

La tasa de desempleo juvenil en China se ha mantenido por encima del 15 por ciento durante los últimos seis meses, según datos citados por Bloomberg. No es un número nuevo: en junio de 2023, la tasa oficial tocó el 21.3 por ciento, un máximo histórico que llevó al gobierno a suspender temporalmente la publicación de esa estadística. Cuando la reanudó en diciembre de ese año, lo hizo con una metodología revisada que excluía a los estudiantes con el argumento de que buscar empleo no era su prioridad. La nueva medición, más favorable, se situó en el 14.9 por ciento.

Los datos del Banco Mundial aportan otro ángulo: entre 2020 y 2024, China generó alrededor de 21 millones de empleos netos, menos de la mitad de los creados en el quinquenio anterior. El mercado laboral se contrajo justo cuando la oleada de graduados universitarios alcanzó su mayor volumen histórico. El resultado es una brecha estructural entre la cantidad de personas que buscan trabajo y la cantidad de puestos disponibles que encajan con su formación.

La paradoja de usar IA para resolver lo que la IA agrava

Zhang Yunming, viceministro de Industria y Tecnología de China, declaró en enero que las presiones de la inteligencia artificial sobre el empleo son "inevitables". Aun así, Pekín ha apostado decididamente por integrar la IA en toda su economía. China instala cada año más robots de fábrica que todos los demás países juntos y lidera al mundo en entregas con drones y prueba más vehículos autónomos que cualquier otro país. Goldman Sachs proyecta que el 90 por ciento de los automóviles que se vendan en China tendrán capacidad de conducción autónoma avanzada para 2040.

Un estudio de investigadores de la Universidad de Pekín analizó más de un millón de ofertas de empleo chinas en línea entre 2018 y 2024, midiendo la exposición de distintas ocupaciones a los grandes modelos de lenguaje. El hallazgo fue claro: los sectores con mayor exposición a la IA — contabilidad, edición, ventas y programación — experimentaron los mayores descensos en la contratación. No son los oficios manuales los que están en problemas; son precisamente los puestos para los que se forman los graduados universitarios.

Eso genera una contradicción difícil de resolver: China forma cada vez más universitarios, pero la IA está reduciendo la demanda de las ocupaciones a las que esos universitarios aspiran. Mientras tanto, sectores como la manufactura, la construcción y los servicios manuales enfrentan escasez de trabajadores. Según análisis de BCA Research, más del 56 por ciento de las vacantes en China en años recientes fueron para trabajadores manuales — justamente el perfil que los graduados universitarios no quieren o no están preparados para ocupar.

Lo que Pekín está haciendo en la práctica

El gobierno chino anunció tres líneas de acción concretas para 2026. La primera es el desarrollo vocacional en sectores emergentes: la "economía de baja altitud" (drones de entrega y movilidad aérea), vehículos de nueva energía e IA generativa. La segunda es la expansión de programas de pasantías y capacitación a gran escala orientados a reconvertir trabajadores hacia industrias de mayor valor tecnológico. La tercera es un cambio de narrativa: en lugar de presentar la IA como una amenaza al empleo — el discurso dominante en Europa y Estados Unidos —, Pekín la posiciona como una herramienta de "mejora de roles", una forma de aumentar la productividad sin eliminar trabajadores.

Esa narrativa tiene un sustento parcial en los datos globales. El Foro Económico Mundial proyecta que, aunque la automatización podría desplazar 85 millones de empleos globalmente para mediados de esta década, podría crear 97 millones de nuevos roles, con un saldo neto positivo. Anthropic publicó en enero de 2026 su Índice Económico, basado en millones de conversaciones con su modelo Claude, concluyendo que la IA está principalmente aumentando la productividad de los trabajadores, no eliminando sus puestos — al menos todavía.

El problema es que ese "todavía" pesa mucho cuando hay 12.7 millones de personas necesitando trabajo hoy.

El desajuste que la IA no puede resolver sola

Angela Zhang, profesora de Derecho de la Universidad del Sur de California especializada en China, señaló a Bloomberg que la disrupción de la IA en China podría adoptar una forma diferente a la observada en Estados Unidos. El país carece del tipo de industrias de software como servicio dominantes a escala global que absorbieron el primer impacto del debate sobre automatización en los mercados occidentales. La economía digital china se organiza en torno a grandes plataformas — Alibaba, Tencent, ByteDance — con estructuras que pueden estar "algo menos expuestas" a ese tipo de sacudida de valoración.

Paul Triolo, exfuncionario del gobierno estadounidense y experto en política tecnológica china, fue más directo: Pekín es consciente del potencial de la automatización para generar consecuencias sociales significativas, y ya enfrenta niveles altos de desempleo juvenil que hacen que una nueva oleada de desplazamiento sea políticamente difícil de manejar.

La apuesta de China es que la IA cree más empleos de los que elimine, y que el gobierno pueda controlar la velocidad de la transición con programas de capacitación y subsidios a empresas que contraten graduados. Es una apuesta razonable en términos de política económica, pero tiene una condición implícita: que la velocidad de la automatización sea lo suficientemente lenta como para que la reconversión de millones de trabajadores sea factible. Y esa condición es, precisamente, la que la propia inversión china en IA está poniendo en cuestión.