OpenAI acaba de cerrar Sora, su app de generación de video, apenas seis meses después de lanzarla. No es una historia sobre deepfakes: es una historia sobre costos computacionales, una IPO en el horizonte y un acuerdo de mil millones de dólares que nunca se cerró.
Qué pasó exactamente
El martes 25 de marzo, OpenAI anunció en redes sociales que estaba cerrando la app Sora. El mensaje fue breve: "Saying goodbye to the Sora app", con la promesa de explicar cómo los usuarios podrían recuperar su contenido. La compañía confirmó, según reportó Al Jazeera, que el equipo de investigación detrás de Sora continuará trabajando, pero enfocado en simulación del mundo para avanzar en robótica — no en una app de video para consumidores.
Sora había sido lanzada en septiembre de 2025 con un arranque espectacular: llegó al número uno en la App Store de Apple y superó el millón de descargas más rápido que el propio ChatGPT. Sobre el papel, era un éxito. Debajo del papel, era una sangría de recursos computacionales en un momento en que OpenAI necesita demostrar que puede ser rentable antes de salir a bolsa.
El trasfondo: Disney, mil millones y un trato que se desmoronó
El cierre no fue solo una decisión interna. Arrastró consigo uno de los acuerdos más publicitados de la IA en 2025: el deal de mil millones de dólares entre Disney y OpenAI, anunciado apenas tres meses antes del cierre. Ese acuerdo contemplaba que Disney invirtiera esa cifra en OpenAI y prestara más de 200 de sus personajes icónicos para ser usados en videos generados con Sora.
El problema: el dinero nunca cambió de manos. Según Al Jazeera, el acuerdo entre ambas compañías nunca llegó a cerrarse formalmente. Y Disney se enteró del cierre de la peor manera posible: la noche anterior al anuncio público, equipos de Disney y OpenAI seguían trabajando juntos en un proyecto vinculado a Sora. Apenas 30 minutos después de una reunión conjunta, llegó la notificación interna del cierre. Una fuente descrita como familiarizada con el asunto lo calificó, el medio detalla, como un "big rug-pull" — el término de cripto para cuando alguien retira el proyecto después de que otros ya apostaron por él.
Cuando OpenAI canceló Sora, Disney todavía estaba en una reunión de trabajo con ellos. El deal de mil millones nunca se cerró — y nadie avisó.
Qué cambia con este cierre
La decisión de OpenAI revela algo que el ecosistema de IA prefiere no discutir abiertamente: generar video de alta calidad con IA es prohibitivamente caro a escala masiva, y la demanda no justifica ese gasto cuando la empresa está preparando su salida a bolsa. OpenAI está redirigiendo recursos hacia herramientas de código y clientes corporativos — áreas con márgenes más claros y menos fricción regulatoria.
También hay un factor que la narrativa del cierre tiende a subrayar más de lo necesario: los deepfakes. Es verdad que Sora generó controversia por la proliferación de videos no consensuales e imposturas de figuras públicas — Michael Jackson, Martin Luther King Jr. y otros — que obligaron a OpenAI a implementar restricciones reactivas. Pero si los deepfakes fueran el problema central, OpenAI habría podido resolver eso con mejores filtros. Lo que no se resuelve con filtros es el costo del cómputo.
¿Quién recoge el mercado? Runway, Kling y otros generadores de video de IA ya operan en el mismo espacio, con menos exposición pública y estructuras de costo más controladas. El cierre de Sora no elimina la categoría — la deja sin su jugador más visible justo cuando el mercado empezaba a madurar.
