El costo de la energía solar cayó más del 90% en la última década. El costo global promedio de las baterías de almacenamiento estacionario cayó un 45% solo en 2024, llegando a 70 dólares por kilovatio-hora según Bloomberg NEF — el nivel más bajo registrado. México tiene algunas de las mejores condiciones de radiación solar del planeta.
Y aun así, en 2024 la energía solar aportó apenas el 7.6% de la electricidad del país, mientras que más del 50% de la generación depende del gas natural importado desde Estados Unidos. La brecha entre el potencial y la realidad no es tecnológica. Es política, regulatoria y de velocidad de ejecución.
Qué es realmente la revolución solar + almacenamiento
La energía solar fotovoltaica convierte la luz del sol directamente en electricidad mediante células semiconductoras. Durante décadas fue cara y marginal. Lo que la transformó en la fuente de energía con la caída de costos más rápida de la historia no fue un solo avance sino la combinación de economías de escala en manufactura china, mejoras iterativas en eficiencia de celdas y competencia de mercado global. El resultado es que en los mercados más competitivos del mundo, el costo nivelado de la energía solar nueva es hoy inferior al de cualquier planta de gas o carbón existente.
El problema histórico del solar — que solo genera cuando hay luz — es el que resuelven los sistemas de almacenamiento en baterías. Las baterías de iones de litio, las mismas que están en los teléfonos y los autos eléctricos, pueden almacenar energía solar generada al mediodía para distribuirla por la noche. A medida que el costo de las baterías baja, la combinación solar + almacenamiento deja de ser una alternativa cara y se convierte en la opción económicamente racional para nuevas instalaciones en regiones con buena irradiación. México es exactamente ese tipo de región.
Dónde está hoy: el potencial y el rezago
Un análisis de Ember publicado en enero de 2026 establece con precisión la magnitud de la oportunidad y la brecha. Solar y baterías podrían cubrir el 90% de la demanda total de electricidad de México con solo el 6% de exceso de oferta, ocupando menos del 0.3% del territorio nacional. Para alcanzar el objetivo del gobierno de Claudia Sheinbaum de 45% de electricidad limpia para 2030, el país necesita añadir 36 gigavatios de capacidad solar en seis años — un ritmo de instalación de 6 gigavatios anuales.
El problema es que México está muy por debajo de ese ritmo. En 2024 instaló 8 vatios de solar por persona. Chile instaló 109 vatios por persona ese mismo año. Brasil instaló 72. Si México construyera solar al ritmo de Chile, podría añadir 15 gigavatios por año y alcanzar el objetivo de 45% en solo dos años. La diferencia no es de potencial técnico ni de recursos naturales. Es de voluntad política, claridad regulatoria y velocidad de permisos.
El costo también es un obstáculo real. Según datos de IRENA y la Comisión Federal de Electricidad citados por Ember, los costos de instalación solar en México son un 38% superiores al promedio global, y los costos de baterías son casi el doble del nivel internacional. Esa brecha tiene causas identificables: permisos costosos y lentos, infraestructura de transmisión insuficiente, falta de cadenas de suministro locales. Son problemas resolubles con política industrial y regulatoria. No son condiciones permanentes.
Qué cambia y cuándo: el horizonte concreto
Si esos planes se ejecutan al ritmo proyectado, México transformará su mezcla energética de forma significativa antes del cierre de la década. Si la ejecución se retrasa — como ha ocurrido históricamente con la infraestructura energética mexicana bajo distintos gobiernos — la brecha con Chile, Brasil y los estándares globales seguirá creciendo. El análisis de Ember calcula que alcanzar 36 gigavatios de solar para 2030 reduciría la dependencia de gas importado de Estados Unidos en alrededor del 20%, con un ahorro de aproximadamente 1,600 millones de dólares anuales. Cada gigavatio de solar instalado desplaza importaciones de gas por alrededor de 74 millones de dólares al año.
México no tiene un problema de sol. Tiene un problema de velocidad.
La dimensión que los análisis energéticos suelen ignorar
La discusión sobre energía solar en México se enmarca casi siempre en términos de política climática o de objetivos de renovables. Ese encuadre es correcto pero incompleto. La dependencia de más del 50% del gas natural importado desde Estados Unidos no es solo un problema ambiental — es una vulnerabilidad geopolítica y económica de primer orden. Cuando el precio del gas sube en los mercados norteamericanos, o cuando las tensiones comerciales entre México y Estados Unidos escalan, esa dependencia se convierte en una palanca de presión externa sobre la economía mexicana. La transición solar no es solo una decisión energética: es una decisión de soberanía.
Al mismo tiempo, el almacenamiento distribuido — baterías en hogares, en empresas, en comunidades — tiene implicaciones que van más allá de la generación eléctrica centralizada. En regiones con infraestructura de red débil, un sistema solar con baterías propias puede significar la diferencia entre electricidad confiable y cortes frecuentes. Para zonas rurales de México donde la red nacional no llega con consistencia, esa arquitectura distribuida es la forma más directa de acceso energético sin depender de que la infraestructura centralizada se expanda. La energía solar distribuida con almacenamiento no es solo más limpia. Es más resiliente, más soberana y más democratizadora que cualquier planta de generación centralizada. La pregunta es si México se moverá lo suficientemente rápido como para aprovecharlo.

