Grammarly usó tu nombre sin permiso y ya hay demanda

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En agosto de 2025, Grammarly lanzó una función llamada Expert Review: por 12 dólares al mes, los usuarios podían subir su texto y recibir retroalimentación de edición en la voz de Stephen King, la periodista Julia Angwin, la tecnóloga Kara Swisher o cualquiera de los cientos de escritores, académicos y periodistas que la empresa incluyó en la herramienta. Ninguno de ellos lo sabía. Ninguno dio su consentimiento. Varios no se enteraron hasta que lo leyeron en la newsletter de Casey Newton.

El 11 de marzo de 2026, Angwin presentó una demanda colectiva federal en el Distrito Sur de Nueva York contra Superhuman Platform, Inc., la empresa dueña de Grammarly, bajo el caso Angwin v. Superhuman Platform, Inc. La función fue desactivada el mismo día. El CEO de Superhuman, Shishir Mehrotra, publicó una disculpa en LinkedIn, pero en esa disculpa omitió mencionar que ya existía una demanda en su contra.

¿Qué alega la demanda?

La demanda sostiene que Grammarly se apropió de los nombres e identidades de cientos de profesionales para obtener ganancias comerciales, sin su consentimiento y en violación de las leyes de privacidad y derechos de publicidad de Nueva York y California. En esos estados, usar el nombre de alguien para vender un producto sin su permiso es ilegal, independientemente de si esa persona es famosa o no.

El abogado de Angwin, Peter Romer-Friedman, lo dijo sin rodeos según reportó Wired: las leyes de Nueva York y California prohíben claramente el uso comercial del nombre y la imagen de una persona sin consentimiento explícito. La demanda no especifica una cifra exacta de daños, pero establece que el monto en disputa supera los 5 millones de dólares. Desde que se anunció el caso, entre 40 y 50 personas contactaron al bufete para sumarse.

El detalle que lo hace más incómodo

La función no solo usó los nombres sin permiso: también generaba consejos de edición mediocres atribuidos a esos nombres. Angwin revisó algunas de las sugerencias que se distribuían en su nombre y declaró a Wired que le sorprendió "lo malos que eran". La escritora Ingrid Burrington acuñó el término sloppelgangers para describir el problema: dobles de IA mal ejecutados que usan identidades reales para darle credibilidad comercial a un producto.

Eso agrega una dimensión particular al daño. No es solo que usaron el nombre de Angwin: es que lo usaron para vender asesoría de escritura de baja calidad en su nombre, a clientes que pagaron por creer que estaban recibiendo el criterio real de una periodista de décadas de trayectoria.

Por qué este caso importa más allá de Grammarly

Grammarly tiene más de 30 millones de usuarios diarios y atiende a clientes corporativos de gran escala. Esos clientes pagaron por una promesa de asesoría experta. Si esa promesa estaba construida sobre el uso no autorizado de identidades reales, la pregunta sobre qué exactamente compraron es legítima.

Pero el alcance del caso va más allá de una sola empresa. Las grandes plataformas de IA llevan meses buscando formas de diferenciar sus productos asociándoles credibilidad humana real: nombres reconocidos, estilos identificables, voces de autoridad. Si Angwin gana, el precedente obliga a toda la industria a repensar cómo puede usar la identidad de las personas para construir productos comerciales.

El abogado Romer-Friedman lo señaló en declaraciones a Wired: este caso forma parte de un patrón más amplio donde los modelos de lenguaje raspan materiales con derechos de autor sin las licencias necesarias. La demanda de Grammarly es un caso específico dentro de esa tensión general entre la industria de la IA y las personas cuyo trabajo y reputación se usan como materia prima.

Superhuman dijo que defenderá legalmente su posición y calificó los cargos de "sin mérito". También anunció que trabaja en una versión rediseñada de Expert Review que dé a los expertos control real sobre si quieren o no participar. Lo que queda claro es que el modelo de "primero lanzamos, luego pedimos perdón" tiene ahora una consecuencia legal concreta esperando en los tribunales de Nueva York.