Guadalajara es un hub digital que CFE no puede alimentar

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Jalisco se vende como el hub digital de México, pero la CFE no tiene cómo alimentarlo. En 2024 prometió 40% de margen eléctrico para cinco años; en 2025 canceló la planta que necesitaba para cumplirla. Esa contradicción, no una ley ni el agua, es el verdadero cuello de botella.

La contradicción oficial

El 19 de marzo de 2024, el Departamento de Comunicación Social de la CFE División Jalisco respondió públicamente a empresarios que se quejaban de falta de infraestructura eléctrica. Su respuesta fue tajante: el estado tenía una capacidad instalada de 4,559 megavoltamperios (MVA) en subestaciones frente a una demanda máxima de 2,769 MVA, lo que se traducía en 40% de capacidad disponible, suficiente para cubrir la demanda eléctrica de los próximos cinco años, según El Informador.

Veintiún meses después, el panorama que describió el Centro Nacional de Control de Energía (CENACE) fue otro. De acuerdo con cifras citadas por El Informador el 23 de diciembre de 2025, en momentos de alta demanda la región Occidente —que incluye Jalisco— puede requerir hasta 9,000 megawatts, mientras que su generación local oscila entre 3,000 y 5,000 megawatts. La Secretaría de Desarrollo Energético estatal fue más allá: la Zona Metropolitana de Guadalajara enfrenta un déficit cercano al 35% en el abasto de energía suministrada por la CFE, lo que obliga a importar electricidad de otras regiones del país. Dos reportes del mismo sector, veinte meses de diferencia, y una brecha que no cuadra.

El corredor que Jalisco sí construyó

Nada de esto ha frenado el discurso. El estado corteja inversión hacia El Salto, Carretera a Tesistán, Periférico Sur y López Mateos Sur con la etiqueta de "Silicon Valley mexicano", y el gobernador Pablo Lemus ha repetido públicamente su intención de consolidar a Jalisco como centro de ciencia, innovación y tecnología hacia 2030. El Plan Estatal de Abasto de Energía Sustentable, presentado en octubre de 2025, proyecta más de 10,000 millones de dólares en inversión durante el sexenio, la mayoría privada.

El problema es que ese discurso corre en paralelo a una realidad de cámaras industriales que, desde enero de 2025, documentaban alrededor de 16,000 empleos congelados en parques industriales por falta de infraestructura eléctrica, y 12 proyectos de inversión privada en suspenso. La promesa de "hub digital" se construyó sobre corredores de fibra y data centers ya operando, pero el respaldo energético que sostiene esa promesa nunca terminó de construirse al mismo ritmo.

En 2024 la CFE le dijo a Jalisco que tenía margen de sobra para cinco años. En 2025 le canceló al estado la planta que iba a necesitar para sostener ese compromiso — no por falta de dinero, sino porque no hay cómo transmitir la electricidad que generaría.

El mecanismo real: importar electricidad

La brecha entre 9,000 megawatts de demanda pico y 3,000-5,000 megawatts de generación local no es un déficit abstracto: significa que, en los momentos de mayor consumo, Jalisco depende físicamente de electricidad que se produce en otra parte del Sistema Eléctrico Nacional y que tiene que viajar hasta la región. Esto no es exclusivo de Jalisco —es cómo funciona la red nacional—, pero la magnitud de la dependencia occidental contrasta con regiones como el Noreste, que según el mismo reporte de CENACE genera más de 9,000 megawatts frente a una demanda de apenas 6,000, es decir, tiene superávit.

Ese desequilibrio conecta con un fenómeno que ya habíamos documentado en abril: la expansión de infraestructura de IA subiendo tarifas eléctricas residenciales. Ese caso era sobre quién paga la factura; el caso de Jalisco es distinto y más básico: aquí la pregunta todavía no es quién paga, sino de dónde va a salir físicamente la electricidad para sostener el crecimiento que el propio estado está promoviendo.

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La central que no se construyó

La prueba más concreta de este límite no es una encuesta ni una proyección: es un proyecto cancelado. El 5 de febrero de 2025, la directora general de la CFE, Emilia Calleja, anunció cinco centrales de ciclo combinado, incluida una para la Zona Metropolitana de Guadalajara con capacidad de 934 megawatts y una inversión de 571 millones de dólares. El 17 de diciembre de 2025, esa planta fue sustituida por una central en Los Cabos y quedó fuera del Presupuesto de Egresos de la Federación 2026.

Especialistas consultados por El Informador coincidieron en que la decisión no respondió únicamente a criterios presupuestales: el obstáculo principal fue la falta de infraestructura para transmitir la electricidad que la planta habría generado. Jalisco tenía —según la propia CFE— la posibilidad de generar más energía, pero no la red para moverla hasta los 125 municipios del estado. Como respuesta, en enero de 2026 el gobierno estatal y la Secretaría de Energía federal acordaron construir tres nuevas centrales y reforzar líneas de transmisión, aunque sin fecha de entrega confirmada todavía.

El agua, en segundo plano

A diferencia de Querétaro, donde el mecanismo fue una ley que evadió revisión ambiental, o de Nuevo León, donde el cuello de botella fue una concesión de agua industrial, en Jalisco el agua ocupa un lugar secundario en esta historia. Existe, sin embargo, un dato que vale la pena tener en el radar: la concesión de CONAGUA que abastece a toda el Área Metropolitana de Guadalajara, gestionada por el SIAPA bajo el título 08JAL100308/12HSDA17, ampara hasta 94,608,000 metros cúbicos anuales de agua subterránea y 8,000,000 de manantiales, y vence el 4 de septiembre de 2026. Su renovación es, por ahora, un tema aparte del energético, pero confirma que aquí el cuello de botella dominante es eléctrico, no hídrico.

La pregunta que nadie ha respondido: quién se queda con los megawatts importados

Si la electricidad que sostiene al hub digital de Jalisco depende de que otras regiones del país tengan excedente para exportar, la pregunta no resuelta es qué pasa el día en que otro estado con el mismo apetito de infraestructura de IA empiece a competir por esos mismos megawatts importados. Nadie en el gobierno estatal ni federal ha respondido esa pregunta todavía — y mientras no la respondan, cada nuevo anuncio de inversión en El Salto o Tesistán se sostiene sobre una promesa energética que ya se rompió una vez, en la propia declaración de la CFE.

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